sabes que es el VIH SIDA? pues este grupo tratara d eso
Creado hace 1 año por yam
ahora as de pensar k este es un grupo muy ridiculo es lo mismo k pensaba ase dos
años yo....mi amigos murio ase 5 meses x el virus del VHI sida...
el no se cuido y pues la vida le dio ese juego y el no lo gano.....
yo antes decia que el virus VIH era solo una mentira no kreia en esta gran
enfermedad....pues gracias a DIOS pude saber k significaba,como se transmite,
y si tiene o no tiene cura...
pues aki les dejo muchas teorias...algunos se aburriran pero algotros
sabran lo peligroso k es no saber k es esta enfermedad
ojala y este grupo sea grande y si no pues solo me kedara decir...
LO INTENTE si el mundo no lo kiere saber ya es problema de ellos pero yo si me protego
y protego a mi familia y con eso soy feliz...
El virus VIH y el SIDA
El sistema inmunológico humano.
El sistema inmunológico, también llamado sistema inmune, es el sistema corporal cuya función primordial consiste en destruir los agentes patógenos que encuentra. Cualquier agente considerado extraño por un sistema inmunológico se denomina antígeno. La responsabilidad del sistema inmunológico es enorme y debe presentar una gran diversidad, con objeto de reaccionar de forma adecuada con los miles de antígenos, patógenos potenciales diferentes, que pueden invadir el cuerpo. Aún no se conocen en su totalidad los mecanismos fisiológicos complejos implicados en el sistema inmunológico, pero la investigación médica continúa desentrañándolos.
Componentes
El sistema inmunológico consta de seis componentes principales, tres de los cuales son diferentes tipos de células, y los otros tres, proteínas solubles. Estos seis componentes pueden encontrarse en la sangre de diferentes formas.
A. Células
Las tres categorías de células inmunológicas son granulocitos, monocitos/macrófagos y linfocitos. Los granulocitos son las células con núcleo más abundantes en la sangre. Estas células fagocitan (ingieren) los antígenos que penetran en el cuerpo, sobre todo si estos antígenos han sido recubiertos en la sangre por inmunoglobulinas o por proteínas del sistema del complemento (descrito más adelante bajo el epígrafe proteínas). Una vez ingeridos, los antígenos suelen ser destruidos por las potentes enzimas de los granulocitos.
Los monocitos constituyen un pequeño porcentaje de la totalidad de las células sanguíneas; cuando se encuentran localizados en los tejidos, fuera de la circulación sanguínea, experimentan cambios físicos y morfológicos, y reciben el nombre de macrófagos. Al igual que los granulocitos, los monocitos también ingieren sustancias extrañas, interaccionan con las inmunoglobulinas y con las proteínas del complemento, y contienen enzimas potentes dentro de su citoplasma. Sin embargo, los monocitos alteran además los antígenos, haciendo que la respuesta inmune del tercer tipo de células inmunológicas, los linfocitos, sea más fácil y más eficaz.
En algunos aspectos, los linfocitos son las células más importantes del sistema inmunológico. Existen dos tipos principales de linfocitos: los linfocitos B y los linfocitos T. Los primeros son responsables de la inmunidad humoral o serológica; es decir, los linfocitos B y sus descendientes directos, que reciben el nombre de células plasmáticas, son las células responsables de la producción de unos componentes del suero de la sangre, denominados inmunoglobulinas. Los linfocitos T son responsables de la inmunidad celular; es decir, atacan y destruyen directamente a los antígenos. Estas células también amplifican o suprimen la respuesta inmunológica global, regulando a los otros componentes del sistema inmunológico, y segregan gran variedad de citoquinas.
Los linfocitos T constituyen el 70% de todos los linfocitos. Tanto los linfocitos T como los linfocitos B tienen la capacidad de recordar, desde el punto de vista bioquímico, una exposición previa a un antígeno específico, de manera que si la exposición es repetida puede producirse una destrucción más eficaz del antígeno.
B. Proteínas
Los tres tipos de proteínas que forman parte del sistema inmunológico, y se encuentran disueltas en el suero (la porción líquida de la sangre), son las inmunoglobulinas, las citoquinas y las proteínas del complemento. Hay miles de clases diferentes de inmunoglobulinas, que reciben el nombre de anticuerpos; cada una de ellas se combina de manera exacta con un tipo específico de antígeno y contribuye a su eliminación. Esta inmensa diversidad es la característica principal del sistema inmunológico en
conjunto.
Las citoquinas son compuestos solubles, responsables en gran parte de la regulación de la respuesta inmunológica. Si son segregadas por los linfocitos, reciben el nombre de linfoquinas; si son segregadas por los monocitos, se denominan monoquinas. Algunas citoquinas amplifican o incrementan una respuesta inmunológica que está en curso, otras hacen que las células proliferen, y otras pueden suprimir una respuesta inmunológica en
funcionamiento. El sistema inmunológico, al igual que otros sistemas corporales, debe ser regulado de esta forma, de modo que el sistema esté activo cuando sea necesario, pero que no lo esté de una manera patológica.
Las proteínas del complemento forman una familia de compuestos que, junto con las inmunoglobulinas, actúan para propiciar una respuesta inmunológica adecuada. Una vez que un anticuerpo se une específicamente a su antígeno, las proteínas del complemento pueden unirse al complejo formado de esta forma, y facilitan que las células inmunológicas lleven a cabo la fagocitosis.
La respuesta inmunológica
Los seis componentes del sistema inmunológico actúan como un todo para desarrollar una respuesta inmunitaria eficaz. La investigación ha conseguido demostrar cómo suceden muchas de las etapas de este proceso; otras fases aún son especulativas y están siendo investigadas. Sin embargo, el proceso básico es el siguiente: cuando un antígeno patógeno, por ejemplo una bacteria, consigue superar la primera línea de defensa del cuerpo, por ejemplo la piel, se encuentra en primer lugar con los granulocitos y los monocitos, y es neutralizado en parte por anticuerpos preexistentes y por las proteínas del complemento. Después, los linfocitos y los macrófagos interaccionan en el lugar donde ha entrado la bacteria, amplificando la respuesta inmunológica; se sintetizan anticuerpos más específicos y eficaces, debido a la memoria inmunológica generada por la bacteria invasora. En los ganglios linfáticos más próximos puede tener lugar una amplificación similar de la respuesta inmunológica, así como en lugares más distantes, tales como el bazo y la médula ósea, donde también se sintetizan linfocitos.
Si todo funciona, el sistema inmunológico supera a la bacteria, de manera que la enfermedad está ya bajo control. En este momento se ponen en funcionamiento mecanismos autorreguladores supresores que detienen la respuesta inmunológica; las citoquinas tienen gran importancia en este proceso supresor. Si el sistema inmunológico no está autorregulado de una manera adecuada, se pueden originar otras enfermedades de naturaleza inmunopatológica. Una vez que el antígeno es destruido mediante esta combinación de acciones, el sistema inmunológico está preparado para responder de una manera más eficaz si el mismo tipo de microorganismo invadiera de nuevo el cuerpo. Si dicha preparación es adecuada para neutralizar totalmente a una bacteria específica antes de que ésta produzca la enfermedad, se dice entonces que existe inmunidad frente a dicha enfermedad.
El virus VIH y su efecto sobre el sistema inmunológico.
El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un miembro de la familia de virus conocida como Retroviridae (retrovirus), clasificado en la subfamilia de los Lentivirinae (lentivirus). Estos virus comparten algunas propiedades comunes: periodo de incubación prolongado antes de la aparición de los síntomas de la enfermedad, infección de las células de la sangre y del sistema nervioso y supresión del sistema inmunitario. La característica única que distingue a los retrovirus y permite su clasificación es la necesidad de transformar su información genética, que está en forma de ARN, en ADN (proceso de transcripción inversa) mediante una enzima que poseen, conocida como transcriptasa inversa. La infección humana por el virus VIH produce una compleja enfermedad denominada síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), que puede tardar en desarrollarse más de diez años. El descubrimiento de la relación entre el síndrome de inmunodeficiencia adquirida y la infección por VIH se atribuye al grupo dirigido por Luc Montagnier del instituto Pasteur de París, en 1983. Otros investigadores estuvieron implicados en el descubrimiento, como el equipo de Robert Gallo, del National Cancer Institute, o el equipo de Jay Levy de la UC de San Francisco.
La cubierta externa del VIH es un envoltorio de lípidos que proceden de la membrana celular. Sobresalen de esta cubierta las glicoproteínas transmembrana virales gp41 y las glicoproteínas de cubierta gp120, que permiten la unión del VIH a las células diana. En el interior de la cubierta, la proteína del núcleo viral p17 constituye la matriz del virión, y la proteína del core p24 forma un nucleoide interno de forma cilíndrica. Este nucleoide tiene en su interior dos hebras del genoma viral ARN (el material genético del virus VIH), y la enzima transcriptasa inversa.
El VIH infecta a las células que tengan en su superficie la molécula CD4 (una proteína que pertenece a algunas células del sistema inmunológico y que el VIH utiliza como receptor). La gp120 viral reconoce y se une específicamente al CD4, y de este modo el virus se une a la membrana celular. Tras esta unión, el nucleoide viral se introduce en la célula y, mediante el proceso de transcripción inversa, el ARN viral se transforma en ADN de doble hebra. Este ADN viral es transportado al núcleo de la célula, donde se inserta o se integra al ADN de los cromosomas de la célula. Cuando se producen los estímulos necesarios, se desencadena el proceso de formación de nuevos viriones. El ADN viral integrado en los cromosomas de la célula huésped se sirve de los mecanismos de replicación de ésta para su transcripción a ARN mensajero (mARN) y a nuevas hebras de ARN genómico viral. Se produce entonces la traducción del mARN viral a proteínas virales, y el ensamblaje de viriones nuevos dentro de la célula. Las partículas de VIH así creadas se liberan de la célula tomando en su salida parte de la membrana de la célula para utilizarla como cubierta. La replicación del VIH puede producir la muerte de los linfocitos T CD4 (uno de los distintos tipos de glóbulos blancos). La destrucción de los linfocitos T CD4 paraliza el sistema inmunológico, y este es el mecanismo por el que la infección por VIH produce SIDA.
Portadores asintomáticos del virus VIH
La infección por el virus VIH no significa padecer el SIDA, el periodo transitorio entre la infección y la enfermedad puede durar muchos años sin notar síntomas, encontrarse bien y tener buen aspecto. Esta situación de infección sin enfermedad es a lo que se denomina personas seropositivas, ya que pueden contagiar el virus a otras personas.
Causas, incidencia y factores de riesgo
La infección por VIH asintomática está caracterizada por un periodo en el que hay un deterioro lento del sistema inmune. Hay una disminución en el recuento de CD4, dándose un deterioro del sistema inmune. La persona infectada normalmente no tiene síntomas, pudiendo pasar un periodo de tiempo de 10 años o más antes de que éstos se desarrollen. En ocasiones pueden aparecer nódulos linfáticos inflamados, desórdenes en la piel o meningitis séptica. En esta etapa no hay síntomas ni signos de infección.
En un estudio entre personas infectadas por VIH llevado a cabo entre 1977 y 1980, algunos sujetos no presentaban ningún síntoma mientras que otros sólo presentaban linfo-adenopatías generalizadas (nódulos inflamados). No se puede afirmar que todas las personas infectadas con el VIH desarrollan inevitablemente el SIDA.
Los factores de riesgo en una infección por VIH son el contacto sexual con una persona infectada, uso de drogas por vía intravenosa, transfusiones de sangre o plasma contaminados o nacer de una madre VIH positiva.
Desarrollo de la enfermedad
Desde que una persona se infecta con el VIH hasta que desarrolla el SIDA suelen transcurrir entre 6 y 10 años. La mayoría de los pacientes experimentan, al cabo de unas tres semanas de haberse infectado con el virus VIH, una serie de síntomas pseudogripales como fiebre, cefalea, eritema, linfoadenopatías y sensación de malestar. Estos síntomas desaparecen al cabo de una o dos semanas. Durante esta fase, llamada fase de infección aguda, el VIH se multiplica a una gran velocidad, sufriendo diversas mutaciones genéticas. En un primer momento, se produce un descenso de la cifra de linfocitos T CD4 pero, al poco tiempo, alcanzan unas cifras normales en respuesta a una activación del sistema inmunológico. Los individuos son altamente contagiosos durante esta fase.
A continuación se pasa a una fase, llamada fase asintomática, que puede durar diez años o más. Durante este periodo, el virus continúa replicándose causando una destrucción progresiva del sistema inmune. El recuento de linfocitos T CD4 suele ser normal.
En la fase siguiente, denominada fase sintomática precoz, se suele iniciar el desarrollo de síntomas de enfermedad clínica y suelen aparecer infecciones oportunistas leves.
Se llega, por último, a la fase denominada SIDA o fase de enfermedad avanzada por VIH en la que aparecen las infecciones y tumores definitorios del síndrome de inmunodeficiencia adquirida.
Los fallecimientos de enfermos con SIDA no suelen deberse a la infección por el propio virus, sino a la aparición de infecciones oportunistas o al desarrollo de ciertos tumores. Las infecciones se desarrollan cuando el sistema inmune no puede proteger al organismo frente a diversos agentes infecciosos que habitualmente se encuentran en el medio ambiente y no provocan enfermedad. El desarrollo de alguna de las diferentes infecciones oportunistas, llamadas enfermedades definitorias del SIDA, junto con el descenso de la cifra de linfocitos T CD4 es lo que determina el diagnóstico clínico de la enfermedad.
La infección oportunista más frecuente en pacientes con SIDA es la neumonía debida a Pneumocystis carinii, que es un protozoo que se suele encontrar en las vías respiratorias de la mayoría de las personas. Distintas neumonías bacterianas están, junto con la tuberculosis, frecuentemente asociadas con el SIDA. En la última fase sintomática de la enfermedad la infección por Mycobacterium avium puede causar fiebre, pérdida de peso, anemia y diarrea. Ciertas infecciones provocadas por bacterias del tracto gastrointestinal también pueden cursar con diarrea, pérdida de peso, anorexia y fiebre. También son comunes, durante las fases avanzadas, enfermedades causadas por distintos protozoos, especialmente toxoplasmosis del sistema nervioso central.
Las infecciones por hongos también son frecuentes en pacientes con SIDA. La infección mucocutánea por Candida albicans suele ocurrir en fases tempranas y anuncia el inicio de la inmunodeficiencia clínica. El Cryptococcus es la causa principal de las meningitis que desarrollan los enfermos de SIDA.
Las infecciones virales oportunistas, especialmente las debidas a herpesvirus, son muy frecuentes en pacientes con síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Los citomegalovirus, miembros de esta familia de virus, infectan la retina y puede provocar ceguera. Otro herpesvirus es el virus de Epstein-Barr, que se ha relacionado con la aparición de linfomas (tumor de las células sanguíneas). La infección por el virus herpes simple, tanto tipo 1 como 2, también es frecuente, provocando lesiones perianales y alrededor de la boca muy dolorosas.
Muchos pacientes con síndrome de inmunodeficiencia adquirida desarrollan, además, tumores, siendo los más frecuentes los linfomas de células B y el sarcoma de Kaposi. El linfoma es una manifestación tardía de la infección por VIH y se desarrolla cuando existe una gran depresión del sistema inmune. Puede afectar a cualquier órgano y principalmente al sistema nervioso central. El sarcoma de Kaposi es una neoplasia multifocal que se manifiesta por el desarrollo de nódulos vasculares en piel, mucosas y vísceras. Es una manifestación precoz de la infección por VIH y puede aparecer con recuentos normales de linfocitos T CD4. Es la neoplasia más frecuente en pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana y se caracteriza por la aparición de lesiones cutáneas de color rojo o púrpura.
Medios de contagio
El VIH se transmite por contacto directo a través de sangre contaminada, semen y otras secreciones sexuales. El virus presente en los flujos sexuales de hombres y mujeres infectados puede pasar a la corriente sanguínea de una persona sana a través de pequeñas heridas o abrasiones que pueden originarse en el transcurso de las relaciones homo o heterosexuales.
Uno de los principales mecanismos de transmisión y contagio de la enfermedad es el uso compartido de agujas o jeringuillas contaminadas con sangre infectada. Este modo de transmisión afecta principalmente a los drogadictos adictos a drogas intravenosas.
En la actualidad, la infección por VIH debida a transfusiones de sangre es muy improbable, gracias a las pruebas que se han desarrollado para la detección del virus en la sangre.
El virus de la inmunodeficiencia humana puede también transmitirse desde la madre infectada al feto por la placenta y al recién nacido a través de la leche de la madre. Aunque sólo un 25-35% de los niños que nacen de madres con SIDA presentan infección por VIH, este modo de transmisión es responsable del 90% de todos los casos de SIDA infantil.
En los países occidentales, el mayor número de casos debidos a las relaciones sexuales se ha producido por transmisión homosexual, a diferencia de lo que sucede en España, donde el mayor número de contagios se debe a la transmisión heterosexual.
En muchos países, ya el hecho de ser homosexual o de practicar la homosexualidad puede significar la pérdida del trabajo, la discriminación en el alquiler de una vivienda, el rechazo social e, incluso, la cárcel. Durante los últimos años, los grupos a favor de los derechos de los gays han luchado para conseguir una mayor aceptación de la homosexualidad por parte de la opinión pública y por la modificación, supresión o creación de leyes que defiendan sus derechos. El nivel de aceptación alcanzado en la década de 1970 disminuyó en la década siguiente debido a la reacción pública que ocasionó la propagación del SIDA, que afectó en mayor proporción al colectivo homosexual masculino. Este hecho condujo al rechazo social y al aumento de los prejuicios en contra de la homosexualidad.
Sexo seguro y conductas de riesgo.
Se denominan "comportamientos de sexo seguro" a la toma de precauciones, que disminuyen el riesgo de transmisión y adquisición de enfermedades de transmisión sexual (ETS), al tener relaciones sexuales. Por ejemplo, la abstinencia es una respuesta absoluta para prevenir ETS pero no es práctica ni, en la mayoría de los casos, deseable. Una relación monógama con una persona de la que se sabe que no ha contraído ninguna ETS es, probablemente, la medida preventiva más aceptable que se puede tomar en la sociedad actual. Es importante además conocer a su pareja. Antes de tener una relación sexual con una pareja nueva es prudente resguardarse de la presencia de ETS, especialmente VIH y hepatitis B. El uso de preservativos por ambos sexos disminuye notablemente la probabilidad de contraer una ETS, pero los preservativos deben usarse adecuadamente. El preservativo debe estar en su lugar desde el principio hasta el final de la actividad sexual y debe usarse cada vez que un individuo se compromete en una actividad sexual con una pareja no monógama u otra pareja sospechosa. Los preservativos son baratos considerando las consecuencias que se derivan de contraer una ETS.
Los comportamientos de alto riesgo incluyen:
Tener parejas sexuales múltiples.
Tener (usted mismo) una historia pasada de cualquier ETS.
Tener una pareja con una historia pasada de cualquier ETS.
Tener una pareja con una historia desconocida.
Usar drogas o alcohol en situaciones donde puede haber intercambio sexual.
Tener una pareja que se droga de forma intravenosa.
Tener relaciones homo- u heterosexuales "promiscuas".
Practicar el sexo anal.
Tener una relación sexual sin protección (sexo sin el uso de preservativos en el varón o hembra) con una pareja desconocida.
Beber alcohol o usar drogas aumenta el riesgo ya que estos comportamientos aumentan la probabilidad de que una persona participe en una actividad sexual de alto riesgo. Además, muchos de los organismos pueden transferirse mediante el uso compartido de agujas u otro utensilio de consumo de droga.
Los grupos de alto riesgo incluyen a hombres homosexuales o bisexuales, usuarios de drogas intravenosas que comparten las agujas, parejas sexuales de las personas que se incluyen dentro de los grupos de alto riesgo, niños que nacen de madres con una ETS, y personas que recibieron transfusiones de sangre o productos coagulantes entre 1977 y 1985 (con anterioridad a las normas orientadas a evitar la presencia de VIH en sangre y hemoderivados).
Opinión pública y SIDA
La epidemia del SIDA pone en relieve muchos temores humanos básicos e inhibiciones asociadas con la enfermedad. Hoy en día muchas personas creen que la medicina moderna eventualmente será capaz de curar la mayoría de las enfermedades. Pero los males que amenazan la vida siguen siendo un misterio y despiertan cierto tipo de pavor en casi todos nosotros. Las enfermedades que azotaron a las generaciones pasadas, tales como la lepra o la plaga, influenciaron la imaginación humana de esa manera. Mucha gente percibía a la enfermedad y al enfermo como algo repugnante. La persona soportaba la carga de la enfermedad junto con el estigma que se le atribuía. Actualmente, las personas que sufren de cáncer se enfrentan a asociaciones similares. Por muchos años, los temores de la gente a la polio y a la tuberculosis nacieron del desconocimiento de cómo se transmitían esas enfermedades; en el caso de la polio, la medicina moderna no tuvo ni vacuna ni cura por un breve período de tiempo.
El SIDA inspira un temor similar. Aunque no hay cura o vacuna para la enfermedad, sus medios de contagio primordiales son conocidos: actividad sexual, uso intravenoso de drogas o transfusiones de sangre. No obstante, el estigma está combinado con la prevalencia del SIDA en los Estados Unidos entre los homosexuales masculinos y las personas que se inyectan drogas en las venas, grupos que evocan sentimientos negativos en muchos individuos. La sensación de horror en las personas aumenta debido a que el prolongado período del estado latente de la infección del VIH significa que el VIH puede ser transmitido por personas que ni siquiera saben que son portadoras del virus, contribuyendo de esta manera a la percepción de que nadie está a salvo. Este temor a veces ha conducido a los trabajadores y a otros individuos a tomar precauciones excesivas durante contactos casuales de rutina con pacientes del SIDA.
Esta es una respuesta emocional al SIDA; no es una respuesta sensata.
La Encuesta de Comportamiento Sexual en Chile realizada por el Ministerio de Salud el año 2000, aborda la discriminación desde la óptica de los sujetos ( personal): esto es, evalúa la disposición negativa o positiva de hombres y mujeres a compartir ( o permitir que sus hijos compartan) espacios sociales con personas viviendo con el VIH/ SIDA. La actitud de discriminación en ámbitos escolares o laborales, no es la única posible, pero el análisis que sigue a continuación está restringido a los espacios ya mencionados. Un dato que debe ser tomado en cuenta en este análisis es que no existe evidencia empírica de transmisión del virus en el contexto de relaciones cotidianas, en el trabajo o en el colegio, con personas viviendo con el VIH.
En primer lugar, el estudio deja en evidencia que una proporción importante de la población expresa una clara tendencia a la discriminación de las personas viviendo con el VIH/ SIDA. Al observar agregadamente los porcentajes de personas sin disposición a integrar socialmente a las personas con esta condición, sea en uno o en los dos ámbitos propuestos - escolar y laboral -, la proporción de población discriminadora asciende al 40.3%. Cabe destacar que el mayor porcentaje de actitudes de segregación se produce en el indicador referido a "los hijos" ( más de 20%), lo que conduce a suponer que hay una menor disposición a la integración de personas con VIH cuando la decisión involucra a un "otro" ( los hijos) y cuando la responsabilidad de la protección debe entregarse a un tercero ( educadores/ as.)
Frente a la homosexualidad masculina: Las mujeres tienden a ser menos restrictivas que los hombres. Mientras un 3.7% de los hombres encuestados manifiesta acuerdo con la homosexualidad masculina, en el caso de las mujeres el acuerdo llega a un 6.1%. Respecto de la homosexualidad femenina, los porcentajes de acuerdo son prácticamente similares en ambos sexos.
Al indagar en la relación entre las actitudes discriminatorias y algunas " creencias" - incorrectas - respecto a modos de transmisión por mero contacto, se observa que los mayores porcentajes de entrevistados (as) con actitudes discriminatorias, se concentran entre quienes tienen un conocimiento erróneo. A modo de ejemplo mientras el 57.3% de entre quienes consideran que "se evita el SIDA no tocando a personas con SIDA" manifiesta no estar dispuesto a la integración social de sus hijos con personas viviendo con VIH/ SIDA, la proporción se reduce a casi la mitad (30.6%) entre aquellos (as) que poseen un conocimiento correcto en relación a este indicador. Situación similar se observa en el grupo de personas que reconoce su desconocimiento respecto de ambos indicadores de transmisión casual: en todos los casos, la proporción de sujetos potencialmente discriminadores es mayor a la de aquellos con información bien fundada. Paralelamente - y no obstante el énfasis anterior -, algo menos de un tercio de la población con conocimientos correctos ( en ambos indicadores de " transmisión casual"), manifiesta disposición a segregar a los niños con SIDA. Esto conduce a sostener que el conocimiento acerca de los modos de transmisión - y específicamente de los modos en los que NO se transmite el VIH - es una condición necesaria pero no suficiente para explicar las actitudes y conductas discriminatorias.
AKI COMENTARAS,HARAS LAS PREGUNTAS K QUIERES SABER, DARAS TU OPINION,
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