Euroresidentes

NYARLATHOTEP, H.P lovecraft


Nyarlathotep… el caos que se arrastra… Yo soy el último… Contare al oyente
desocupado.
No recuerdo distintamente cuando empezó todo; pero fue hace meses. La tensión
general era horrible. A una temporada de trastornos políticos y sociales se
añadió una extraña y triste aprensión de un horrible peligro físico; un peligro
extendido y que abarcaría todo, un peligro como solo puede ser imaginado en
los mas terribles fantasmas de la noche. Recuerdo que las gentes iban y venían
con rostros pálidos y preocupados, y susurraban advertencias y profecías
que nadie se atrevía a repetir conscientemente o a reconocer en su fuero interno
que habían oído. Una sensación monstruosa de culpa se dejaba sentir sobre
el país, y en los abismos que hay entre las estrellas soplaban corrientes
desapacibles que hacían que los hombres se estremecieran en los lugares oscuros
y solitarios. Había una alteración demoníaca en la secuencia de las estaciones.
El calor se prolongo durante el otoño de modo temible; y a todas las
personas les parecía que el mundo, y quizás el universo, había pasado del control
de los Dioses o fuerzas conocidas al de los Otros Dioses o fuerzas desconocidas.
Y fue entonces cuando Nyarlathotep salio de Egipto. Nadie sabia quien era;
pero era de la vieja sangre nativa y tenia el aspecto de un faraón. Los fellahin
se arrodillaban cuando lo veían, y sin embargo no sabían por que. El decía que
había surgido de la oscuridad de veintisiete siglos, y que había oído mensajes
de lugares que no estaban en este planeta. Nyarlathotep vino a los países civilizados,
moreno, delgado y siniestro, siempre comprando extraños instrumentos
de cristal y metal, y combinándolos para formar instrumentos aun mas extraños.
Hablaba mucho de las ciencias: de electricidad y psicología, y hacia
exhibiciones de poder con las que sus espectadores quedaban sin habla, pero
que sin embargo aumentaron su fama hasta un grado sumo. Los hombres se
aconsejaban unos a otros ir a ver a Nyarlathotep, y se estremecían. Y donde
iba Nyarlathotep el descanso desaparecía, porque las horas de la madrugada
eran desgarradas con los gritos de las pesadillas. Nunca antes los gritos de las
pesadillas habían sido un problema publico semejante; y ahora los hombres
sabios casi deseaban prohibir el sueño en la madrugada, para que los alaridos
de las ciudades inquietaran menos horriblemente a la pálida y lastimera luna,
que brillaba con luz tenue y vacilante sobre aguas verdosas que se deslizaban
bajo puentes, y viejos campanarios que se derrumbaban contra un cielo enfermizo.
Yo recuerdo cuando Nyarlathotep vino a mi ciudad, la grande, la antigua, la
terrible ciudad de los crímenes innumerables. Mi amigo ya me había hablado
de el, y de la irresistible fascinación y encanto de sus revelaciones, y yo deseaba
ardientemente explorar sus mas recónditos misterios. Mi amigo me dijo que
eran horribles e impresionantes, mas allá de mis mas enfebrecidas imaginaciones;
que habían sido proyectadas en una pantalla en la habitación a oscuras,
cosas profetizadas que nadie, excepto Nyarlathotep, se había atrevido a profetizar;
y que en el chisporroteo de sus chispas allí les habían quitado a los hombres
lo que nunca les habían quitado antes y que solo se mostraban en sus
ojos, y oí decir que en el extranjero se insinuaba que los que conocían a Nyarlathotep
veían cosas que los otros no veían.
Fue en el calido otoño cuando yo pase una noche con las muchedumbres inquietas
para ver a Nyarlathotep; toda una noche bochornosa, allá arriba de las
interminables escaleras que llevaban a la sofocante habitación. Y con sus
sombras proyectadas sobre una pantalla vi formas encapuchadas entre ruinas,
y rostros amarillentos y malignos que atisbaban desde detrás de monumentos
caídos. Y vi al mundo batallando contra la oscuridad; contra las oleadas de
destrucción procedentes del espacio infinito; arremolinándose, agitándose, forcejeando
en torno de un sol que se apagaba y enfriaba. Luego las chispas saltaron
de forma asombrosa alrededor de las cabezas de los espectadores, y los
cabellos se pusieron de punta, mientras que las sombras mas grotescas que yo
pueda mencionar salieron y se posaron sobre las cabezas. Y cuando yo, que
era más frío y científico que el resto, musite una protesta hablando de “impostura”
y de “electricidad estática”, Nyarlathotep nos echo a todos fuera, por aquellas
escaleras vertiginosas, abajo hacia las húmedas, calidas y solitarias calles
de la medianoche. Yo grite muy fuerte, diciendo que no tenía miedo, que nunca
podría tener miedo, y otros gritaron conmigo para aliviarse. Nos juramos los
unos a los otros que la ciudad era exactamente la misma, y que seguía viva; y
cuando las luces eléctricas empezaron a ponerse mortecinas, maldijimos a la
compañía una y otra vez, y nos reímos de las caras tan raras que poníamos.
Creo que sentí que algo descendía de la luna verdosa, porque cuando empezamos
a depender de su luz, de modo involuntario formamos en cuadro y emprendimos
una marcha, como si supiéramos nuestros destinos aunque no nos
atreviésemos a pensar en ellos. En una ocasión miramos el pavimento y vimos
que los adoquines estaban sueltos, desplazados por la hierba, con apenas algún
riel de metal oxidado que mostrara por donde habían corrido los tranvías. Y
de nuevo vimos un tranvía solitario, sin ventanas, estropeado, casi volcado.
Cuando miramos en torno al horizonte, no pudimos ver la tercera torre que
había junto al río, y observamos que la silueta de la segunda torre estaba destrozada
en su parte superior. Luego nos dividimos en estrechas columnas, cada
una de las cuales pareció dirigirse en diferente dirección. Una desapareció
en una calleja solitaria hacia la izquierda, dejando solo el eco de un gemido
ahogado. Otra bajo por una entrada del metro casi tapada por los hierbajos,
aullando con una risotada de loco. Mi propia columna fue chupada hacia campo
abierto, y entonces sentí un escalofrió que no era propio del calido otoño, porque
cuando llegamos con paso furtivo al oscuro páramo vimos que nos rodeaba
un infernal brillo lunar de nieves malignas. Nieves sin sendas, inexplicables,
barridas a ambos lados en una sola dirección, donde había un torbellino de lo
más negro a pesar de sus muros relucientes. La columna pareció muy fina,
mientras camino pausada y penosamente, de modo soñoliento, hacia el torbellino.
Yo me quede atrás, porque la negra grieta en la nieve iluminada de verde
era horrible, y me pareció oír los ecos de un gemido inquietante conforme mis
compañeros desaparecían; pero yo tenia poco poder para quedarme rezagado,
y como si me hubieran llamado por señas los que se habían ido antes, medio
flote entre los titánicos copos de nieve arrastrados por el viento, estremeciéndome
asustado, hacia el invisible vortice de lo inimaginable.
Sensible a mis gritos, delirando torpemente, solo los Dioses que fueron podrían
explicarlo. Una sombra enfermiza y sensitiva retorciéndose en manos que no
eran manos, girando ciegamente y dejando atrás medianoches espectrales de
creación podrida, cadáveres de mundos muertos con llagas que fueron ciudades,
vientos sepulcrales que cepillaban las pálidas estrellas y las hacían parpadear
muy bajas. Mas allá de los mundos, vagos fantasmas de cosas monstruosas;
columnas medio entrevistas de templos no santificados que descansan en
rocas sin nombre bajo el espacio, y que alcanzan hasta los vertiginosos vacíos
que hay por encima de las esferas de luz y oscuridad. Y a través de este repugnante
cementerio del universo, un ahogado y enloquecedor batir de tambores,
y el fino y monótono gemido de flautas blasfemas desde las inconcebibles
y oscuras cámaras que hay mas allá del tiempo; el detestable golpeteo y los
silbidos aflautados allá donde danzan, lenta y torpemente, de modo absurdo,
los gigantescos y tenebrosos Otros Dioses, las ciegas, mudas y estupidas gárgolas
cuya alma es Nyarlathotep.


Sigue_miweb_twitter

Thumb_up +0 / -0 Thumb_down
5 meses | 178 visitas

3 comentarios

camila055 camil...

camila055 dijo:

alucinante relato, su primera aparición en este para luego aparecer en este otro: "...y decididas a que las siguiera hasta aquellas intrincadas cavernas del centro de la tierra donde Nyarlathotep, el enloquecido dios sin rostro, aúlla a ciegas en la más tenebrosa oscuridad a los acordes de dos necios y amorfos flautistas" - Las ratas en las paredes
uno de los más geniales y escalofriantes relatos de ratas.

5 meses


SamuraiRojo Samur...

SamuraiRojo dijo:

Nyarlathotep es unos de mis personajes y seres favorito de la mitología lovecraftiana jeje

4 meses


camila055 camil...

camila055 dijo:

es curioso dicen que lovecraft no le gustaba el mar, será por eso que creaba personajes así?...pues es muy popular Nyarlathotep. no sé si notaste que le gusta que sus personajes aparecieran o tuvieran semejanzas entre sus historias

4 meses




Para poder dejar tu comentario debes estar identificado

Mis estadísticas

  • 1 mensaje
  • 58 fotos
  • 20 vídeos
  • 6 MP3
  • 71 textos
  • 48 frases
  • 173 comentarios

App Tarot Euroresidentes

Ico_app_tarot

¡Ahora gratis para iPhone/iPad y Android!

App_store

Android_market


Postales gratis

Link_postales

Envía postales gratis a tus amigos, para felicitar su cumpleaños, postales de amor...

Regalos virtuales gratis

Link_regalos

Envía regalos virtuales gratis a todos tus amigos, tenemos regalos románticos, regalos tecnológicos, regalos para los golosos...

Tarot gratis

Link_tarot

¿Quieres conocer tu futuro? Visita a nuestra pitonisa y elige 3 cartas...